LECTURA 8

¿Por qué migran las aves?


El primer problema con el que tropiezan los científicos a la hora de explicar los
procesos migratorios de las aves es la propia definición del fenómeno.
Por naturaleza  se sabe que todos los animales se mueven y cambian de lugar, ¿dónde está, pues el  límite entre un desplazamiento ocasional, lo que se conoce como “divagación” y una  verdadera migración?  Los científicos proponen cinco condiciones que debe cumplir cualquier  desplazamiento migratorio de las aves.
En primer lugar, debe tratarse de un viaje de  cierta importancia y duración. En segundo lugar, debe ser un fenómeno intencionado o  voluntario, no forzado ni espontáneo. Como tercera condición proponen un carácter  periódico, puesto que se trata de un viaje de ida y vuelta que se repite de forma  estacional y cuenta con zonas geográficas definidas. En cuarto lugar, ha de tener una  dimensión popular: el movimiento migratorio implica a toda la población y no sólo a  unos cuantos individuos. Por último, los lugares de origen y de destino se ubican desde  el punto de vista ecológico. La migración de las aves depende de la alternancia entre  períodos favorables y desfavorables en el área de cría.
 Esto nos conduce al primer planteamiento básico. ¿Por qué migran las aves? Es un error muy generalizado atribuir este fenómeno al frío y, en general, a los cambios  climáticos. Es cierto que, cuando llega el invierno, las aves se desplazan en busca de  lugares más cálidos. Pero el frío no es un problema insuperable para ellas, mientras  dispongan de los recursos necesarios para hacerle frente. De hecho, hay aves que no  migran. Las llamadas sedentarias soportan inviernos rigurosos gracias a la energía que  les proporciona la comida. Por lo tanto, el motivo de las migraciones no es huir del  frío, sino de sus consecuencias: la primera y más importante, la escasez de alimento.
Se ha comprobado de forma experimental que un ave migradora que disponga de  suficiente comida es capaz de superar el invierno con toda normalidad. Las aves no se  trasladan en busca de calor, sino de alimento.
 En las regiones árticas, el hielo impide a muchas aves acuáticas y ribereñas
acceder a los vegetales o invertebrados que componen su dieta. Además, el invierno  coincide con un descenso brusco de la población adulta de insectos, lo que repercute  en la disponibilidad de nutrientes y en el comportamiento de aquellas aves que  dependen, directa o indirectamente, de este recurso. Otro tanto sucede con la  actividad vegetal, que disminuye durante los meses fríos.

 Sin embargo, todas estas adversidades no suponen una barrera para quienes son  capaces de trasladarse con la rapidez de las aves. Algunos lugares inhóspitos del  planeta reciben la visita de las aves durante las pocas semanas que se mantienen  habitables a lo largo del año, algo que está fuera de las posibilidades de otros grupos  de animales.

1 comentario: