¿Por qué migran las aves?
El
primer problema con el que tropiezan los científicos a la hora de explicar los
procesos
migratorios de las aves es la propia definición del fenómeno.
Por
naturaleza se sabe que todos los
animales se mueven y cambian de lugar, ¿dónde está, pues el límite entre un desplazamiento ocasional, lo
que se conoce como “divagación” y una verdadera
migración? Los científicos proponen
cinco condiciones que debe cumplir cualquier
desplazamiento migratorio de las aves.
En primer
lugar, debe tratarse de un viaje de cierta
importancia y duración. En segundo lugar, debe ser un fenómeno intencionado o voluntario, no forzado ni espontáneo. Como
tercera condición proponen un carácter periódico,
puesto que se trata de un viaje de ida y vuelta que se repite de forma estacional y cuenta con zonas geográficas
definidas. En cuarto lugar, ha de tener una
dimensión popular: el movimiento migratorio implica a toda la población
y no sólo a unos cuantos individuos. Por
último, los lugares de origen y de destino se ubican desde el punto de vista ecológico. La migración de
las aves depende de la alternancia entre
períodos favorables y desfavorables en el área de cría.
Esto nos conduce al primer planteamiento
básico. ¿Por qué migran las aves? Es un error muy generalizado atribuir este
fenómeno al frío y, en general, a los cambios
climáticos. Es cierto que, cuando llega el invierno, las aves se
desplazan en busca de lugares más
cálidos. Pero el frío no es un problema insuperable para ellas, mientras dispongan de los recursos necesarios para
hacerle frente. De hecho, hay aves que no
migran. Las llamadas sedentarias soportan inviernos rigurosos gracias a
la energía que les proporciona la
comida. Por lo tanto, el motivo de las migraciones no es huir del frío, sino de sus consecuencias: la primera y
más importante, la escasez de alimento.
Se ha
comprobado de forma experimental que un ave migradora que disponga de suficiente comida es capaz de superar el invierno
con toda normalidad. Las aves no se trasladan
en busca de calor, sino de alimento.
En las regiones árticas, el hielo impide a
muchas aves acuáticas y ribereñas
acceder
a los vegetales o invertebrados que componen su dieta. Además, el invierno coincide con un descenso brusco de la
población adulta de insectos, lo que repercute
en la disponibilidad de nutrientes y en el comportamiento de aquellas
aves que dependen, directa o
indirectamente, de este recurso. Otro tanto sucede con la actividad vegetal, que disminuye durante los
meses fríos.
Sin embargo, todas estas adversidades no
suponen una barrera para quienes son capaces
de trasladarse con la rapidez de las aves. Algunos lugares inhóspitos del planeta reciben la visita de las aves durante
las pocas semanas que se mantienen habitables
a lo largo del año, algo que está fuera de las posibilidades de otros grupos de animales.

Gracias, muy bonitas lecturas.
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