LECTURA 7




El banquete celestial


En un pueblo lejano vivía un pequeño campesino. Cierto día, oyó decir al padre en la iglesia que para llegar al paraíso había que caminar siempre adelante. Entonces el niño puso en camino y caminó casi adelante por montes y por valles, sin volverse siquiera una vez a mirar hacia atrás.
Llegó así a una gran ciudad y entró en la catedral, donde se estaba celebrando una misa solemne.
Viendo toda aquella belleza no soñada, el pequeño creyó haber llegado realmente al paraíso. Y lleno de alegría se quedó allí el día entero. Cuando al anochecer, el sacristán que debía cerrar la iglesia quiso echarlo, él le dijo:
-No quiero irme ahora que por fin he llegado al paraíso.
Sorprendido ante aquella extraña respuesta, el sacristán corrió a referírsela al párroco quien, conmovido ante la ingenuidad del niño, ordenó que le dejasen tranquilo y le conservó a su lado.
En la iglesia había una imagen del niño Jesús; el pequeño se arrodilló ante ella y le dijo:
-Qué delgadito estás, Señor. Se nota que esta gente no te da de comer; pero no te preocupes, que yo te daré la  mitad de mi pan. Entonces una voz dulcísima  le susurró:
-Da de comer a los hambrientos y de ese modo me alimentarás a mí.
En la puerta de iglesia se hallaba una pobre mujer que durante el día tendía la mano a los transeúntes sin recibir de ellos apenas una mirada de compasión.
El chiquillo le dio la mitad de su pan, luego miró la imagen del niño y le pareció que le sonreía.
 Así, lo hizo todos los días y la imagen parecía hallarse muy satisfecha.
Transcurrido algún tiempo, una mañana el pequeño campesino se arrodilló como de costumbre ante el divino niño y oyó una voz dulcísima que le decía:
-El domingo seré yo quien te ofrezca de comer, luego asistirás conmigo al  banquete celestial.
El domingo en efecto, el pequeño asistió a la santa misa, pero en el momento de recibir la comunión, Dios le llevó consigo al cielo y le sentó a su mesa, en el banquete celestial,  tal como le había prometido.

Y esta vez, sí que el inocente niño había llegado al paraíso.

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